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El
primer Informe nacional sobre Desarrollo Humano procura ofrecer
un panorama, sólidamente documentado, de las realidades y
las aspiraciones de la sociedad hondureña de fines del siglo
XX. Su propósito es el de brindar a los hombres y las mujeres
de Honduras una descripción y un análisis, lo más
objetivo y riguroso que ha sido posible, de la sociedad en la que
viven y de la que juntos construyen diariamente.
Uno de los objetivos de este Informe ha sido el precisar
si existe, más allá de las inevitables discrepancias
en un sistema democrático, algo a lo cual podría llamársele
una “visión” compartida por parte de los hondureños
y hondureñas sobre los problemas fundamentales del desarrollo
de su país. Un hallazgo digno de destacar, es que, en efecto,
existe un amplio consenso sobre el diagnóstico, las aspiraciones
y prioridades que debieran orientar al país en el futuro,
lo cual puede constituir un valioso punto de apoyo para avanzar,
para fortalecer el diálogo social y político, tomar
decisiones y concertar criterios sobre grandes lineamientos y proyectos
nacionales.
Este primer Informe tiene como eje de análisis
la equidad, pilar central del Desarrollo Humano Sostenible (DHS),
y su relación con los procesos de integración social,
con base en criterios de territorialidad departamental, municipal
y urbano-rural con el objeto de identificar las áreas geográficas
y los sectores sociales con mayores problemas de desarrollo humano
en el país, especificando su naturaleza y potencialidades.
Además, el análisis de la variable género,
con la limitación impuesta por la escasa información
estadística, cruza todos los capítulos.
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El Informe Nacional sobre Desarrollo Humano 1999 constituye
una especie de corte evaluativo sobre la situación de la
sociedad hondureña un año después de la tragedia
del huracán Mitch. Con ese propósito, se ocupa de
señalar las consecuencias de esta catástrofe en el
desarrollo humano, registra los antecedentes históricos y
demográficos de la vulnerabilidad social, observa en los
aspectos objetivos y subjetivos de la seguridad, en su acepción
moderna, analiza los efectos del SIDA en la población, examina
los problemas de la vivienda, la educación, el empleo, estudia
las posibles consecuencias de la condonación y la renegociación
de la deuda externa y, finalmente, se detiene en la dramática
situación de la niñez y la juventud y en la búsqueda
de los senderos que permitan la transformación de los retos
en oportunidades de participación.
El Informe destaca el hecho que, pese a la tragedia,
en el seno de la sociedad hondureña existen inmensas potencialidades
de participación y solidaridad. Esto, junto con la prevención
de los riesgos y el diseño de un modelo de ordenamiento integral
de recursos nacionales, permitirían crear condiciones para
generar alianzas de todos los actores de la vida social productiva
y el Estado con el fin de llevar adelante las tareas del desarrollo
humano sostenible.
Una cadena de huracanes y otros eventos naturales ha
golpeado a lo largo de la historia los esfuerzos de progreso y ha
puesto en evidencia la vulnerabilidad y la ha acentuado. Sin embargo,
esto no tiene una explicación metafísica, sino que
se debe a la combinación de una serie de factores históricos,
políticos, económicos y socioculturales.
La condición de vulnerabilidad en que se encuentra
un alto porcentaje de los asentamientos humanos, en especial los
de la gente de bajos ingresos, propició, precisamente, el
impacto y la magnitud de esta última tragedia.
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Este tercer Informe continúa aplicando
la visión de los anteriores, es decir, hacer notar que se
trata de alcanzar en Honduras “desarrollo humano” y
no sólo “desarrollo”: “la diferencia entre
ambos conceptos no es puramente terminológica. Durante mucho
tiempo se ha creído que basta con altas cadencias de crecimiento
económico para asegurar un proceso social sólido y
duradero, que aquél y éste son, en el fondo, lo mismo
o, por lo menos, que lo económico es lo fundamental y el
resto es lo secundario, lo que llega por arrastre”(PNUD-INDH,
1998:1).
Este Informe procura hacer un análisis de posibilidades
y limitaciones de la sociedad hondureña para hacer crecer
su economía y que ésta signifique una sólida
base del despliegue de las oportunidades y el bienestar para todos.
Con ese fin, analiza los avances en desarrollo humano, el peso de
la pobreza en la carencia de oportunidades, el potencial de crecimiento
de la economía, la base y sostenibilidad de los recursos
naturales con que cuenta, la educación como factor esencial
para el aumento de la productividad y la erradicación de
la pobreza y la necesidad de fortalecer las instituciones para el
crecimiento económico y la acumulación del capital
social.
Una evaluación de la situación de Honduras
a partir de las tendencias de desarrollo humano registradas en los
Informes Mundiales, la coloca en el grupo de países que han
realizado, a pesar de su bajo ingreso, importantes avances en desarrollo
humano en las últimas décadas, gracias, sobre todo,
a lo hecho en educación y salud. Pero también constata
que su economía presenta serios problemas, como ha sido corroborado
en el INDH de 1998, para seguir hacia adelante.
Este Informe del 2000 parte de la evidencia que ha
habido en la década de los noventa notorios avances en desarrollo
humano, reducción de la pobreza y disminución de algunas
brechas. Luego, constata que también esos avances han sido
insuficientes y que, en particular, la pobreza y la desigualdad
se erige como un desafío de grandes proporciones para la
democracia y el desarrollo general del país.
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En este cuarto Informe se pasa de los pilares al abordaje
de las dimensiones del desarrollo, siendo la dimensión política
la que adquiere centralidad en este análisis sobre el desarrollo.
Dos décadas de democracia ameritan una reflexión que
permita aproximarse a un balance del proceso democrático
en Honduras, para identificar sus principales avances, rezagos y
desafíos. En tal sentido, el Informe 2002 surge a partir
de la interrogante de cómo el tipo de democracia que se construye
en el país ha generado un entorno adecuado para el desarrollo
humano.
El desarrollo, visto como ejercicio de libertades,
no sólo es un problema de índole social, económico
y tecnológico, sino también institucional y político.
La libertad y la participación política no sólo
son medios, también son fines del desarrollo humano. Desde
esta perspectiva, el ejercicio de las libertades políticas
es tan importante como los resultados económicos y sociales
de un determinado Estado.
Este Informe sobre Desarrollo Humano en Honduras tiene
como eje de análisis el vínculo entre democracia y
desarrollo, poniendo especial énfasis en los logros sobre
el desarrollo humano, la consolidación de la transición
política, la economía y la legitimidad, la justicia
como baluarte de la democracia, los derechos humanos como valores
democráticos, el capital social como base de la democracia,
la educación en su relación con la ciudadanía
y la percepción ciudadana como elemento de sostenibilidad
democrática.
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Este es el quinto Informe Nacional sobre Desarrollo Humano
(INDH) que se presenta en Honduras, y sigue la idea que se inició
en el INDH de 2002, es decir, la de profundizar en las dimensiones
del desarrollo.
El eje de análisis seleccionado para este Informe
es la dimensión cultural del desarrollo, en el entendido
que la cultura interactúa con las otras dimensiones del desarrollo,
a la vez que permea las influencias de cada esfera sobre el campo
de oportunidades y libertades de las personas. Es decir que la cultura
desempeña el papel de filtro o catalizador social con respecto
a los estímulos que provienen de los sistemas políticos,
económicos, tecnológicos, educativos, ecológicos
y de salud.
Estudiar la dimensión cultural del desarrollo
humano en Honduras no es fortuito, ya que responde a inquietudes
derivadas del análisis realizado en los primeros cuatro informes
nacionales. Los hallazgos y conclusiones de estos informes plantean
que muchos de los problemas y obstáculos del desarrollo parecen
ubicarse en aspectos que se relacionan con la falta de confianza
entre las personas y sus instituciones, la corrupción, la
débil participación ciudadana, la persistencia de
una visión de corto plazo, la baja competitividad y una insuficiente
capacidad emprendedora de los hondureños. Se trata de aspectos
relacionados directamente con la cultura de los hondureños
y las hondureñas, ya que tienen que ver con las creencias,
las prácticas y los valores de la población.
De acuerdo con las diversas teorías actuales
del desarrollo, todo proceso de desarrollo supone un cierto ethos
cultural o talante de los individuos y de los grupos dentro de una
sociedad. Este ethos significa la capacidad de establecer acuerdos
y convenios societales, de construir o articular proyectos de Estado
y de país en beneficio de todos. En ese sentido es que cada
vez se vuelve más necesario estudiar el desarrollo en Honduras
en su vínculo o dimensión cultural, a fin de identificar
y potenciar los elementos que aseguren una legitimación ciudadana
que permita y forje un cambio social hacia el desarrollo humano.

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